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La brigada de la ONU.

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  Raúl Zepeda

"El camino hacia el campo de la aplicación de la paz es uno sinuoso para la legitimidad de la ONU."

El Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas decidió el 28 de marzo de 2013, con la resolución 2089, crear una nueva modalidad de Operación de Mantenimiento de la Paz en la República Democrática del Congo: la Intervención Brigada. Ésta tiene un mandato inusual para la Misión de Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (Monusco): combatir abiertamente a los grupos armados que el Consejo considera una amenaza para los civiles y para el proceso de estabilización política en el país africano. La misión Intervención Brigada genera, por un lado, preguntas que no quedan claras, y por el otro, riesgos para la ONU en su labor crucial de mantenimiento de paz.

 

Antes de pasar al análisis hay que dar un poco de contexto. La República Democrática del Congo, en la región de los grandes lagos de África, fue el epicentro de una guerra civil amplia que incluyó a muchos países de la región y diversos grupos armados, y que terminó con importantes acuerdos para la transición a la democracia, el cese de fuego y la pacificación del país, el 23 de marzo de 2009. Fue entonces que se estableció la Monusco (1 julio de 2010) con un personal militar numeroso- de lo más numeroso y financiado en la historia de la ONU- para procurar la construcción de la paz, entendida aquí como la organiazción de instituciones políticas. Sin embargo, de los grupos armados que firmaron la paz, en 2012 se dio una escisión importante que se organizaría bajo el nombre de M23- por el día en que se firmó la paz- que intensificó sus actividades en el Este del país, generando además de choques militares, miles de desplazados y muertes de civiles. 

 

A partir de entonces, en el Consejo de Seguridad de la ONU surgieron cuestionamientos sobre la ausencia de una fuerte intervención en contra del M23, por lo que, en 2013, Naciones Unidas aprobó la fuerte intromisión de la Monusco mediante una resolución. Dicha resolución implica una revolución de las Operaciones de Mantenimiento de la Paz (OMPs), ya que de las seis modalidades de las mismas que explica Marrack Goulding enInternational Affairs,ésta última avalaría una séptima llamada- digamos- Brigada de Intervención, que mucho respondería a la gran crítica contra las OMPs- como en los casos de Ruanda y Bosnia- sobre la capacidad de la ONU para actuar por sí misma sin necesidad de ser apoyada por fuerzas armadas de otros organismos como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

 

La idea de que la Monusco, junto con el ejército nacional congolés, sea quien combata a un grupo armado genera diversos cuestionamientos más allá- tal vez- de lo deseable: ¿debe ejercer la ONU un papel más protagónico en los conflictos armados para evitar la violación de derechos humanos? En primer lugar, abandonar el diálogo- o el intento de diálogo-  para tomar partido en la disputa política en un país cuestiona su legitimidad como posterior mediador de un diálogo de paz en segunda fase. En segundo lugar, si la ONU fracasara militarmente, se pondría en severo cuestionamiento su capacidad para desarrollar misiones militares y trascender su papel disuasivo; y por último, puede incluso suceder que en el futuro, países en conflicto no acepten la presencia de OMPs. El camino hacia el campo de la aplicación de la paz es uno sinuoso para la legitimidad de la ONU.

 

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Las preguntas centrales están sobre todo en la alta expectativa que la ONU adquiere  como nuevo árbitro militar en temas de paz y seguridad internacional, en el marco de la intervención humanitaria. El problema medular de ambicionar un papel tan preponderante recae, en términos sencillos, en la posibilidad de fracaso de las cruzadas militares de la ONU; en la posibilidad de que sus combatientes pasen a ser parte política del conflicto, y por lo tanto,- como ya se dijo- que se pierda confianza en la capacidad mediadora de la Organización; en que la decisión de incursión se haga desde la parcialidad de un actor en el Consejo de Seguridad, y sobre todo, en que se pierda el objetivo de pacificación y posterior  reconstrucción en el camino.

 

 El esquema de participación directa de la ONU puede aumentar los costos políticos, y en el caso de la Monusco, un fracaso haría que los actores dejaran la agenda de intervención humanitaria, como sucedió con la intervención de Rusia a Siria. Por otra parte, esta modalidad de OMPs lleva a considerar un escenario donde los países se abstengan de participar en ellas por seguridad de sus tropas, u otro donde éstos asuman el riesgo de las misiones en favor de una ONU con mayores capacidades. La preocupación que Guatemala y Pakistán externaron en el Consejo de Seguridad con respecto a la seguridad de sus tropas involucradas en la Monusco, ejemplifica el primer caso.

 

A pesar de que la resolución en cuestión asegura que la misión Brigada no afecta los principios de las OMPs de la ONU, esto se pone en duda. Los tres principios pilares de la doctrina Capston que rige las OMPs son: consenso de las partes, imparcialidad y el no uso de la fuerza, exceptuando el caso de defensa propia. Puede pensarse, entonces, que la misión Brigada viola el principio de imparicialidad y el no uso de la fuerza. Claro que tampoco es un hecho que Intervención Brigada sea completamente contradictoria con las tendencias nuevas de la intervención humanitaria que se han discutido en la Asamblea General de la ONU desde la redacción de la Responsabilidad de Proteger, ya que en esencia, Intervención Brigada cumple con el principio de proteger los Derechos Humanos como valores universales por encima de la soberanía nacional y la neutralidad de la ONU.

 

Realmente, las mejores OMPs con intención de intervención humanitaria, han tenido lugar donde se espera que los países y las coaliciones militares asuman la operatividad militar y la carga política de la misma, para que posteroremente  la ONU funga como mediadora y coordinadora de la reconstrucción institucional. Además, este esquema permite, en términos pragmáticos, que otros países sin precisa autorización del Consejo de Seguridad puedan intervenir en los conflictos. Entonces, inaugurada la nueva forma de OMP que se discute aquí, es de esperarse ver los resultados a futuro claramente en un marco de excepcionalidad más que de costumbre. Estas cuestiones y preocupaciones se habrán de responder con el tiempo y con mucho cuidado, toda vez que las expectativas no superen los riesgos de comprometer uno de los mecanismos icónicos de la ONU. 

 

RAÚL ZEPEDA es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sígalo en Twitter en @zepecaos.

 

Fotografías: (Flickr)

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